Opinión: El duelo, la vía dolorosa

Desde que llegamos a este mundo, nos enfrentamos a pérdidas de distinta naturaleza, unas más dolorosas que otras, no cabe duda.

Mencionaré algunas que vivimos en la primera infancia, a modo de ejemplo: quitar el pecho materno, terminar con el uso de los pañales, salir de la zona de confort para comenzar la sala cuna, por mencionar algunas pérdidas, y de ahí en adelante se suma una y otra pérdida que, a pesar de todo el dolor que nos causa, no nos detiene. Las pérdidas se suceden a lo largo de todo el ciclo vital, en todo ser humano.

Esta vez quiero detenerme en una de las pérdidas más dolorosas a que nos enfrentamos como personas, me refiero a la pérdida de un ser amado en tiempos de restricciones sanitarias y a las limitantes que esto conlleva.

Durante este tiempo que nos hemos separado y que paradojalmente nos hemos unido frente a un enemigo invisible a simple vista y que hemos sido azotados ferozmente en mayor o menor medida por la desolación, daños, pérdidas y otros sin sabores, personalmente he vivido duelos, he visto a otros duelar y otros tantos intentando salir de la profundidad hasta donde les ha llevado la pérdida.

Perder a un ser amado es una de las experiencias humanas más dolorosas a las que en algún momento de nuestras vidas nos hemos enfrentado, reaccionando de manera única, vivenciándolo de acuerdo con nuestra propia realidad y la relación que teníamos con el ser amado que ya no está.  La pérdida se va a constituir, entonces, en la manifestación humana más profunda y dolorosa de la vida, podría ser comparado con una especie de amputación, en este caso, amputación afectiva, algo que nos pertenecía, que ya no está más con nosotros y que nos duele profundamente. Se nos amputa parte de nuestros sentimientos, de nuestra historia, en ocasiones, y como ha sucedido en este tiempo, de manera abrupta. Es aquí, luego del impacto que nos ha sacudido, que la pérdida nos lleva a un terreno oscuro, inexplicable, que nos confunde, nos obnubila, donde comienza la vía dolorosa y que, definitivamente es un camino muy difícil y angustioso de recorrer.

Comienza lo que denominamos duelo por la pérdida de lo amado, nos encontramos en un territorio de profunda pena y sufrimiento, es el camino de lucha del que ha perdido algo que amó. Se duela por aquellos proyectos que no se concretaron junto al ser amado, vienen una serie de cuestionamientos a nuestra mente, recriminaciones de lo que pudimos haber hecho, no lo hicimos y ya es tarde, no está nuestro ser amado, lo hemos perdido. No es nada fácil.

No obstante, hacer el duelo, vivir el duelo es esencial para no quedarse detenido en la melancolía y la depresión.

Esta vía dolorosa, es necesaria, va a venir a sacarnos del estancamiento; transitarla es un acto que nos pone de frente al mundo, nos pone de pie ante a la realidad, nos impulsa a sobreponernos, nos dice que somos seres humanos y no superhéroes. Es necesario duelar, no hacerlo resulta patológico.

Son varios los autores que escriben sobre el Duelo, la teoría no calma el dolor de la pérdida del ser amado, no obstante, ayuda a que comprendamos al que está viviendo el duelo, a comprendernos a nosotros mismos que hemos pasado por esta vía y a los que están duelando o que aún no comienzan su duelo, recordando siempre que es un camino personal, donde el apoyo de la familia, los cercanos y amigos más queridos cobra gran relevancia.

Antes de revisar algunos autores, mencionaré un elemento que podría marcar el punto de inflexión ante momentos o situaciones, que suceden de forma absolutamente inesperada, a raíz de los cuales nuestra vida da un vuelco, cambia y nada vuelve a ser como antes, me refiero, en este caso, a los rituales tradicionales de despedida. Heescuchado relatos de personas que no logran avanzar y que su camino doloroso se ha tornado más lento y demoledor aún. Me refiero a aquellos que no pudieron despedirse de sus seres amados, ni siquiera llevar a cabo los ritos a los que se acostumbra para despedirlo; no hubo velatorio, condolencias presenciales, el abrazo fortalecedor de familiares y amigos, entre otros. Lógicamente que hay dolor porque la pandemia nos ha obligado a encontrar, entre otras cosas, nuevas formas de dar el último adiós, y con ello, tratamos de hacer un cierre y despedida, al momento que ya de por si es complejo.

Lo que atesoramos de nuestro ser amado ahora invade nuestro ser, evocamos las vivencias, los momentos felices, las anécdotas, alegrías y tristezas. Es necesario hablar con la familia y amigos cercanos acerca de la pérdida del ser amado, para ir de apoco aceptando que ya no estará físicamente entre nosotros, entender qué es lo que ha sucedido, y reitero, evocar instantes felices que vivimos junto a nuestro ser amado. Resulta de vital importancia aceptar nuestros sentimientos, cuidarnos y cuidar a la familia. Mirar a nuestro alrededor y, en lo posible, colaborar con otras personas que también están en duelo.  A estos recuerdos no se les dice adiós, están con nosotros y es donde cobra vida aquel que físicamente se ha ido.

A continuación, mencionaré algunos autores que nos hablan acerca del duelo, así mismo sus etapas (según Elisabeth Kübler Ross).

Sigmund Freud (1856-1939) médico neurólogo austriaco de origen judío, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX. En su texto «Duelo y melancolía» define el duelo como “una reacción ante la pérdida de una persona querida, de una abstracción equivalente como la patria, la libertad, un ideal, etc.”

John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista (1907-1990) define al duelo como “una serie bastante amplia de procesos psicológicos que se ponen en marcha debido a la pérdida de una persona amada, cualquiera que sea su resultado”.

Según Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra y escritora suizo-estadounidense (1926.2004) “el duelo es el proceso psicológico al que nos enfrentamos tras las pérdidas y que consiste principalmente en la adaptación emocional a éstas, se trata de una experiencia compleja que engloba también factores fisiológicos, cognitivos y comportamentales, entre otros”.

Elisabeth Kübler menciona que nuestro duelo es tan propio como nuestra vida. Propone cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación y que formarían parte del marco en el que aprendemos a aceptar la pérdida de un ser querido.

León Tolstoi dijo alguna vez “sólo las personas capaces de amar intensamente pueden sufrir un gran dolor, pero esta misma necesidad de amar sirve para contrarrestar sus duelos y las cura”

Reciban mi abrazo virtual.

Por Carmen Mora Albornoz

*Carmen Mora Albornoz, Pedagoga, Psicóloga y Licenciada en Psicología, observadora del funcionamiento mental del ser humano como factor principal de su disciplina de estudio en Psicología para comprender el cómo los aspectos biológicos, culturales y sociales influyen en el funcionamiento humano y desde allí aportar a la construcción de una mejor sociedad, tanto en Educación como en Salud Mental.

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