Columna de Opinión: Apego en la niñez y su implicancia en la elección de pareja

Estaba leyendo la letra de algunas canciones que muchos de nosotros hemos escuchado alguna vez y me sirven de apoyo para entrar en este tema tan complejo y fascinante para mí.

Adele pretende encontrar “Alguien como tú…” para establecer una relación de pareja, ese alguien con el que la pasó mal, él encontró a otra persona y más encima se casó, sin embargo, la cantante (en la canción, claro está) quiere a alguien igual, con las mismas características ¿Se repetirá la historia?

Escuché años atrás a Julio Iglesias el cual nos decía que “Tropezó de nuevo con la misma piedra, como si fuera poco, con el mismo pie y que en cuestión de amores nunca aprenderá” …

¡Y qué decir de “¡Corre, corre corazón” de Jesse y Joy!

Un sinfín de canciones y poesías que relatan historias similares.

La semana pasada hablábamos de los tipos de apego y la relevancia que cobran a lo largo de todo el ciclo vital del ser humano y por lo tanto, tienen mucho que ver con nuestro estilo relacional.

Entendiendo que lo ideal es que nuestros niños y niñas tengan un estilo de apego seguro, esto es debido a que tienen un mejor pronóstico de vida en cuanto a lo afectivo y lo que conlleva esto.  Pensemos en aquellos niños y niñas que tienen una necesidad que no es satisfecha por sus figuras significativas, es lógico que experimenten un malestar profundo debido a la ausencia de atención y a la inadecuada actuación de sus figuras de apego, de tal manera que experiencias y sensaciones de dolor, angustia, miedo, abandono, entre otros, vividas se registrarán y quedará en su memoria traumática, a modo de formato sensorial puesto a que no hay una verbalización ni una mentalización objetiva de lo sucedido. Este registro se activará en ciertas situaciones que atraviese el sujeto. Todo comportamiento, entonces, tiene que ver con nuestro estilo de pego en la infancia. Ante determinados acontecimientos se activará nuestra memoria traumática acumulada y obviamente, nos generará algunos sinsabores que veremos en los siguientes párrafos.

A la luz de lo observado, el estilo de apego desarrollado por una persona en su infancia va a influir directamente y de forma sustantiva en los procesos de elección y calidad de pareja que haga.

Vale la pena repasar en qué consiste el apego. El apego es el vínculo afectivo que se crea desde el inicio de la vida entre hijo/a y su madre y/o padre, o su cuidador. Entendemos que es la relación afectiva más importante que creamos las personas y permite, dependiendo de la relación con la figura de apego, que el bebé se sienta seguro y protegido, ambivalente-inseguro, evitativo-inseguro o desorganizado- inseguro (Cada uno de estos estilos de apego los vimos la semana pasada)

El apego es estable y suele durar la mayor parte de la vida de una persona, entonces ¿cómo influye a la hora de elegir parejas afectivas? ¿Qué es lo que nos atrae del otro?

A continuación, podremos revisar cómo nos relacionamos con las parejas que elegimos; si no conocemos aun nuestro estilo de apego, podremos darnos cuenta al leer y establecer nuestra situación, determinar, por otra parte, si es que necesitamos ayuda especializada para alcanzar un cambio a favor nuestro y de las personas que nos rodean, porque inevitablemente todo está interconectado.

En el apego seguro, el sujeto presentará un bajo temor al abandono y al rechazo. Buscará una pareja con ciertas características; calidez y cercanía para establecer una relación afectiva.

Por lo tanto, aquellas personas que desean formar una relación duradera y estable valoran

como aspectos más atractivos las características típicas de personas seguras, como la

atención, calidez, sensibilidad o cuidado. (Collins y Read , 1990)

En el apego inseguro, la persona posee menos habilidades para atraer parejas con un apego seguro, lo que aumenta la probabilidad de que termine emparejándose con alguien con un apego inseguro, aunque no constitutivo de pareja ideal, es sólo a modo de alejar su soledad. Nada prometedor.

La combinación más tóxica se produce cuando se encuentran dos personas, uno con un estilo de apego evitativo y el otro un estilo de apego ambivalente, en este caso el evitativo tiende a tomar distancia emocional  y no se quiere comprometer provocando una lluvia de inseguridades en el  sujeto ambivalente que busca el compromiso e involucramiento emocional de su pareja con una excesiva demanda, lo que al no producirse generará altos niveles de insatisfacción y grandes conflictos en esta singular pareja.

Veamos ahora qué sucede con dos personas con apego inseguro ambivalente que tienen una relación afectiva, en este caso, se produce una situación donde ambos actores son demandantes de atención que puede generar interacciones disfuncionales y a la larga se transforma en una relación desgastante para ambos.

En el apego desorganizado, donde una pareja tenga el estilo en cuestión, el temor al rechazo unido a su incomodidad con la intimidad y a la combinación de evitación y dependencia, hacen probable que la relación termine con interacciones insatisfactorias y conflictivas que provoquen serias dificultades en la pareja y en el entorno más próximo.

Asimismo, dos personas con estilo de apego evitativo es difícil que lleguen a formar relaciones duraderas puesto que ambos evitan el compromiso y la intimidad, aspectos claves para consolidar una relación. Es probable, además, que tengan dificultades a la hora de intimar y ofrecerse cuidados mutuos, lo que indicaría un tipo de relación más volcada en aspectos de logro fuera de la pareja y menos comprometida en el crecimiento conjunto.

De acuerdo con lo que hemos podido revisar, podemos decir que las relaciones de pareja son relaciones de apego, en la edad adulta estas relaciones continúan ejerciendo la misma función de restaurar el sentimiento de seguridad básica que buscamos como seres humanos. Si es que no tenemos un estilo de apego seguro, no debemos culparnos, tampoco culpar a otros, pero sí podemos hacernos cargo de lo que somos ahora.

No es que “atraigamos lo malo” como he escuchado por ahí. Personas que mencionan que “esta pareja les salió igual que la anterior”, a veces nos culpamos por ir de una pareja a otra y pensando que “esta vez si la hacemos”. En realidad ¡Podemos dejar de tropezar con la misma piedra! Cambiar el curso de nuestra historia, siempre y cuando nos lo propongamos. Recurrir a profesionales que nos puedan ayudar en esta tarea y buscar alternativas de solución para ser felices, sin embargo, no avanzaremos si no partimos por nosotros mismos, en este caso, la ayuda especializada resulta ser primordial para alcanzar una mejor calidad de vida.

Reciban mi abrazo virtual.

Por Carmen Mora Albornoz

*Carmen Mora Albornoz, Pedagoga, Psicóloga y Licenciada en Psicología, observadora del funcionamiento mental del ser humano como factor principal de su disciplina de estudio en Psicología para comprender el cómo los aspectos biológicos, culturales y sociales influyen en el funcionamiento humano y desde allí aportar a la construcción de una mejor sociedad, tanto en Educación como en Salud Mental.

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